miércoles, 7 de octubre de 2015

El Papa Francisco en su viaje a Cuba y Estados Unidos.

El Papa Francisco en su viaje a Cuba.





Cuando mira la homilía que ha traído preparada, y después de echarla una ojeada, la deja aparte, y empieza a charlar con esa autoridad que le caracteriza, es cuando nos damos cuenta de la calidad de su persona.


Dos ejemplos como botones de muestra:


SALUDO A LOS JÓVENES DEL
CENTRO CULTURAL PADRE FÉLIX VARELA DE LA HABANA

Domingo 20 de setiembre de 2015
Discurso Pronunciado

Ustedes están parados y yo estoy sentado, ¡qué vergüenza! pero ¿saben por qué me siento? porque tomé notas de algunas cosas que dijo vuestro compañero y sobre estas les quiero hablar. Una palabra que cayó fuerte: soñar. Un escritor latinoamericano, decía que las personas tenemos dos ojos: uno de carne y otro de vidrio. Con el ojo de carne vemos lo que miramos. Con el ojo de vidrio vemos lo que soñamos. Está lindo ¿eh?
En la objetividad de la vida tiene que entrar la capacidad de soñar y un joven que no es capaz de soñar está clausurado en sí mismo. Está encerrado en sí mismo. Cada uno a veces sueña cosas que nunca van a suceder. Pero suéñalas, deséalas, busca horizontes, ábrete, ábrete a cosas grandes. No sé si en Cuba se usa la palabra, pero los argentinos decimos: no te arrugues, ¿eh? ábrete y sueña, sueña que el mundo contigo puede ser distinto. Sueña que si tú pones lo mejor de ti, vas a ayudar a que ese mundo sea distinto.
No se olviden. Sueñen. Por ahí se les va la mano y sueñan demasiado y la vida les corta el camino, no importa, sueñen y cuenten sus sueños. Cuenten, hablen de las cosas grandes que desean, porque cuanto más grande es la capacidad de soñar y la vida te deja a mitad de camino, más camino has recorrido. Así que primero soñar.
Tú dijiste una frasecita, que yo tenía escrita en la intervención de él porque la subrayé y tomé alguna nota. “Que sepamos acoger y aceptar al que piensa diferente”. Realmente nosotros a veces somos cerrados. Nos metemos en nuestro mundito: o este es como yo quiero que sea o no. Y fuiste más allá todavía: que no nos encerremos. Que no nos encerremos en los conventillos de las ideologías o en los conventillos de las religiones, que podamos crecer ante los individualismos.
Cuando una religión se vuelve conventillo pierde lo mejor que tiene, pierde su realidad de adorar a Dios, de creer en Dios. Es un conventillo, es un conventillo de palabras, de oraciones, de yo soy bueno, tú eres malo, de prescripciones morales y cuando yo tengo mi ideología, mi modo de pensar y tú tienes el tuyo, me encierro en ese conventillo de la ideología.
Corazones abiertos, mentes abiertas. Si tú piensas distinto que yo, ¿por qué no vamos a hablar? ¿Por qué siempre nos tiramos la piedra sobre aquello que nos separa, sobre aquello en lo que somos distintos? ¿Por qué no nos damos la mano en aquello que tenemos en común? Animarnos a hablar de lo que tenemos en común y después podemos hablar de las cosas que tenemos diferentes o que pensamos. Pero digo hablar, no digo pelearnos, no digo encerrarnos, no digo ‘conventillear’ como usaste tú la palabra (se dirige al joven que habló en representación de los demás). Pero eso solamente es posible cuando uno tiene la capacidad de hablar de aquello que tengo en común con el otro, de aquello para lo cual somos capaces de trabajar juntos.
En Buenos Aires estaba en una parroquia nueva en una zona muy, muy pobre. Estaban construyendo unos salones parroquiales un grupo de jóvenes de la universidad y el párroco me dijo por qué no te vienes un sábado y así te los presento. Trabajaban los sábados y los domingos en la construcción. Eran chicos y chicas de la universidad. Entonces llegué y los vi y los fue presentando. Este es el arquitecto, es judío, este es comunista, este es católico práctico, todos eran distintos, pero todos estaban trabajando en común por el bien común. Eso se llama amistad social, buscar el bien común.
La enemistad social destruye y una familia se destruye por la enemistad, un país se destruye por la enemistad, el mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra, porque son incapaces de sentarse y hablar. Bueno, negociemos, ¿qué cosas podemos hacer en común? ¿En qué cosas no vamos a ceder?. Pero no matemos más gente. Cuando hay división, hay muerte. Hay muerte en el alma porque estamos matando la capacidad de unir, estamos matando la amistad social y eso es lo que yo les pido a ustedes hoy, sean capaces de crear la amistad social.
Después salió otra palabra que tú dijiste (nuevamente se dirige al joven que intervino antes que él) la palabra esperanza. Los jóvenes son la esperanza de un pueblo, eso lo oímos en todos lados, pero ¿qué es la esperanza? ¿Es ser optimista? ¡No! Optimismo es un estado de ánimo. Mañana te levantas con dolor de hígado y no eres optimista, ves todo negro. O sea la esperanza es algo más, la esperanza es sufrida, la esperanza sabe sufrir para llevar adelante un proyecto, sabe sacrificarse ¿Tú eres capaz de sacrificarte por un futuro? ¿O solamente quieres vivir el presente y que se arreglen los que vengan?
La esperanza es fecunda, la esperanza da vida. ¿Vos sos capaz de dar vida? ¿O vas a ser un chico o chica espiritualmente estéril, sin capacidad de crear vida a los demás, sin capacidad de crear amistad social, sin capacidad de crear patria, sin capacidad de crear grandeza? La esperanza es fecunda.
La esperanza se da en el trabajo y aquí me quiero referir a un problema muy grave que se está viviendo en Europa. La cantidad de jóvenes que no tienen trabajo. Hay países en Europa donde jóvenes de 25 años hacia abajo viven desocupados en un porcentaje del 40 por ciento. Pienso en un país. Otro país el 47 por ciento, otro país el 50 por ciento.
Evidentemente que un pueblo que no se preocupa por dar trabajo a los jóvenes, un pueblo y cuando digo pueblo no digo gobiernos, todo el pueblo, la preocupación de la gente, de que nuestros jóvenes no trabajan, ese pueblo no tiene futuro. Los jóvenes entran a formar parte de la cultura del descarte y todos sabemos que hoy en este imperio del Dios dinero se descartan las cosas y se descartan las personas.
Se descartan los chicos porque no se los quiere o porque se los mata antes de nacer, se descartan los ancianos. Estoy hablando del mundo en general, se descartan los ancianos porque ya no producen. En algunos países hay ley de eutanasia pero en tantos otros hay una El eutanasia escondida, encubierta. Se descartan los jóvenes porque no les dan trabajo. Entonces ¿qué le queda a un joven sin trabajo?
Un país que no inventa, un pueblo que no inventa posibilidades laborales para sus jóvenes, a ese joven le queda o las adicciones o el suicidio o irse por ahí buscando ejércitos de destrucción para crear guerras. Esta cultura del descarte nos está haciendo mal a todos, nos quita la esperanza y es lo que tú pediste para los jóvenes (se dirige al mismo joven).
“Queremos esperanza”, esperanza que sufrida, es trabajadora, es fecunda, nos da trabajo y nos salva de la cultura del descarte y esta esperanza que es convocadora, convocadora de todos, porque un pueblo que sabe auto convocarse para mirar el futuro y construir la amistad social, como dije, aunque piense diferente, ese pueblo tiene esperanza.
Y si yo me encuentro con un joven sin esperanza, por ahí una vez dije jóvenes jubilados, hay jóvenes que parece que se jubilan a los 22 años. Son jóvenes con tristeza existencial, son jóvenes que han apostado su vida al derrotismo básico, son jóvenes que se lamentan, son jóvenes que se fugan de la vida.
El camino de la esperanza no es fácil y no se puede recorrer solo. Hay un proverbio africano que dice “si quieres ir de prisa, anda solo, pero si quieres llegar lejos, anda acompañado”. Y yo a ustedes jóvenes cubanos, aunque piensen diferente, aunque tengan sus puntos de vista diferentes, quiero que vayan acompañados, juntos buscando la esperanza, buscando el futuro y la nobleza de la patria.
Y así empezamos con la palabra soñar y quiero terminar con otra palabra que tú dijiste (el mismo joven) y que yo la suelo usar bastante: “la cultura del encuentro”. Por favor, no nos ‘desencontremos’ entre nosotros mismos. Vayamos acompañados, Uno, encontrados, aunque pensemos distinto, aunque sintamos distinto, pero hay algo que es superior a nosotros, es la grandeza de nuestro pueblo, es la grandeza de nuestra patria, es esa belleza, esa dulce esperanza de la patria a la que tenemos que llegar. ¡Muchas Gracias!
Bueno, me despido deseándoles lo mejor. Todo esto que les dije se los deseo. Voy a rezar por ustedes. Y les pido que recen por mí. Y si alguno de ustedes no es creyente y no puede rezar, porque no es creyente, que al menos me desee cosas buenas.
Que Dios los bendiga, los haga caminar en este camino de esperanza hacia la cultura del encuentro evitando esos conventillos de los cuales habló vuestro compañero.

Y que Dios los bendiga a todos.




SACERDOTES, RELIGIOSOS, RELIGIOSAS Y SEMINARISTAS
EN LA CATEDRAL DE LA HABANA

Domingo 20 de setiembre de 2015
Discurso Pronunciado

El Cardenal Jaime nos habló de pobreza y la hermana Yaileny nos habló del más pequeño, de los más pequeños, son todos niños. Yo tenía preparada una homilía para decir ahora en base a los textos bíblicos pero cuando hablan los profetas, y todo sacerdote es profeta, todo bautizado es profeta, todo consagrado es profeta, vamos a hacerle caso a ellos y entonces yo le voy a dar la homilía al Cardenal Jaime para que se las haga llegar a ustedes y la publiquen y después la meditan; y ahora charlemos un poquito sobre lo que dijeron estos dos profetas.
Al Cardenal Jaime, se le ocurrió pronunciar una palabra muy incómoda, sumamente incómoda, que incluso va de contramano con toda la "estructura cultural" del mundo, dijo pobreza, la repitió varias veces. Pienso que el Señor quiso que la escucháramos varias veces y la recibiéramos en el corazón.
El espíritu mundano no la conoce, no la quiere, la esconde, no por pudor, sino por desprecio, y si tiene que pecar y ofender a Dios para que no le llegue la pobreza lo hace. El espíritu del mundo no ama el camino del hijo de Dios que se vació a sí mismo, se hizo pobre, se hizo nada, se humilló para ser uno de nosotros.
La pobreza que le dio miedo a aquel muchacho, tan generoso, que había cumplido todos los mandamientos, y cuando Jesús le dijo: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, se puso triste y tuvo miedo a la pobreza.
La pobreza siempre tratamos de escamotearla, sea por cosas razonables pero estoy hablando de escamotearla en el corazón, que hay que saber administrar los bienes, es una obligación, los bienes son un don de Dios, pero cuando esos bienes entran en el corazón y te empiezan a conducir la vida, ahí perdiste, ya no eres como Jesús, tienes tu seguridad donde la tenía el joven triste, el que se fue entristecido.
Ustedes sacerdotes, consagrados, consagradas, creo que les puede servir, lo que decía San Ignacio, y esto no es propaganda publicitaria de familia no, pero él decía que la pobreza era el muro y la madre de la vida consagrada. Era la madre porque engendraba más confianza en Dios y era el muro porque la protegía de toda mundanidad.
Cuántas almas destruidas, almas generosas como la del joven entristecido que empezaron bien y después se le fue apegando el amor a esa mundanidad rica y terminaron mal, es decir mediocres, terminaron sin amor, porque la riqueza pauperiza, pero pauperiza mal, nos quita lo mejor que tenemos, nos hace pobres en la única riqueza que vale la pena para poner la seguridad en lo otro.
El espíritu de pobreza, el espíritu de despojo, el espíritu de dejarlo todo para seguir a Jesús, esto de dejarlo todo no lo invento yo, varias veces aparece en el Evangelio, en el llamado de los primeros que dejaron la barca, las redes y lo siguieron, los que dejaron todo para seguir a Jesús.
Una vez me contaba un viejo cura sabio, hablando de cuando se mete el espíritu de riqueza, de mundanidad rica en el corazón de un consagrado, de una consagrada, de un sacerdote, de un Obispo, de un Papa, lo que sea. Dice que cuando uno empieza a juntar plata y para asegurarse el futuro, ¿no es cierto?, entonces el futuro no está en Jesús, está en una compañía de seguros de tipo espiritual que yo manejo ¿no?. Entonces, cuando, por ejemplo, cuando una congregación religiosa, por poner un ejemplo me decía él, empieza a juntar plata y ahorrar y ahorrar, Dios es tan bueno, que le manda un ecónomo desastroso que las lleva a la quiebra. Son de las mejores bendiciones de Dios a su Iglesia, los ecónomos desastrosos, porque la hacen libre, la hacen pobre, nuestra Santa Madre Iglesia es pobre, Dios la quiere pobre, como quiso pobre a Nuestra Santa Madre María.
Amen la pobreza como a madre, y simplemente les sugiero si alguno de ustedes tiene ganas de preguntarse cómo está mi espíritu de pobreza, cómo está mi despojo interior, creo que puede hacer bien a nuestra vida consagrada, a nuestra vida presbiteral, después de todo no nos olvidemos que es la primera de las Bienaventuranzas: “Felices los pobres de espíritu”, los que no están apegados a las riquezas, a los poderes de este mundo.
Y la hermana nos hablaba de los últimos, de los más pequeños que aunque sean grandes unos terminan tratándolos como niños porque se presentan como niños. El más pequeño, es una frase de Jesús esa, el que está en el protocolo sobre el cual vamos a ser juzgados: “Lo que hiciste al más pequeño de estos hermanos me lo hiciste a mí”.
Hay servicios pastorales pueden ser más gratificantes desde el punto de vista humano sin ser malos ni mundanos, pero cuando uno busca en la preferencia interior al más pequeño, al más abandonado, al más enfermo, al que nadie tiene en cuenta, al que nadie quiere, el más pequeño y sirve al más pequeño, está sirviendo a Jesús de manera superlativa.
A vos te mandaron donde no querías ir y lloraste, lloraste porque no te gustaba lo cual no quiere decir que seas una monja llorona no, Dios nos libre de las monjas lloronas que siempre se están lamentando, eso no es mío eso lo decía Santa Teresa ¿eh? a sus monjas, es de ella, “Guay de aquellas monjas que anda todo el día lamentándose porque me hicieron una injusticia.” En el lenguaje castellano de la época decía guay de la monja que anda diciendo: “Hiciéronme sin razón”. Vos lloraste porque eras joven, tenías otras ilusiones, pensabas quizás que un colegio podías hacer más cosas, que podías organizar futuros para la juventud, te mandaron ahí, casa de misericordia, donde la ternura y la misericordia del Padre se hace más patente, donde la ternura y la misericordia de Dios se hace caricia.
Cuántas religiosas y religiosos queman y repito, luego queman su vida acariciando material de descarte, acariciando a quienes el mundo descarta, a quienes el mundo desprecia, a quienes el mundo prefiere que no estén, a quienes el mundo hoy día con métodos de análisis nuevos que hay, cuando se prevé que puede venir con una enfermedad degenerativa se propone mandarlo de vuelta antes de que nazca, el más pequeño.Y una chica joven llena de ilusiones empieza su vida consagrada haciendo viva la ternura de Dios y su misericordia.
A veces no entienden, no saben, pero qué linda para Dios y qué bien que hace a uno por ejemplo la sonrisa de un espástico que no sabe cómo hacerla o cuando te quieren besar y te babosean la cara, esa es la ternura de Dios, esa es la misericordia de Dios. O cuando están enojados y te dan un golpe... y quemar mi vida así con material de descarte a los ojos del mundo, eso nos habla solamente de una persona, nos habla de Jesús que por pura misericordia del Padre se hizo nada, se anonadó. Dice el texto de Filipenses capítulo dos: “Se hizo nada”, y esta gente a quien vos dedicas tu vida, imitan a Jesús, no porque lo quisieron, sino porque el mundo los trajo así, son nada y se les esconden, no se los muestra o no se los visita, y si puede y todavía se está a tiempo se los manda de vuelta.
Gracias por lo que haces y en ti gracias a todas estas mujeres y a tantas mujeres consagradas al servicio de lo inútil porque no se puede hacer ninguna empresa, no se puede ganar plata, no se puede llevar adelante absolutamente nada "constructivo" con esos hermanos nuestros, con los menores, con los más pequeños, ahí resplandece Jesús y ahí resplandece mi opción por Jesús, gracias a vos y a todos los consagrados y consagradas que hacen esto.
Padre yo no soy monja, yo no cuido enfermos, yo soy cura y tengo una parroquia o ayudo a un párroco. ¿Cuál es mi Jesús predilecto? ¿Cuál es el más pequeño? ¿Cuál es aquel que muestra más la misericordia del Padre? ¿Dónde lo tengo que encontrar?
Obviamente, sigo recorriendo el protocolo de Mateo 25. Ahí los tienes a todos, en el hambriento, en el preso, en el enfermo, ahí los vas a encontrar, pero hay un lugar privilegiado para el sacerdote donde aparece ese último, ese mínimo, el más pequeño y es el confesionario.
Y ahí cuando ese hombre o esa mujer te muestran su miseria. Ojo que es la misma que tienes tú y que Dios te salvó ¿eh? de no llegar hasta ahí. Cuando te muestra su miseria, ¡por favor! El no lo retes, no la retes, no lo castigues. Si no tienes pecado, pues tírale la primera piedra, pero solamente con esa condición, sino piensa en tus pecados y piensa que tú puedes ser esa persona, piensa que tú potencialmente puedes llegar más bajo todavía y piensa que tú en ese momento tienes un tesoro en las manos en tus manos que es la misericordia del Padre.
Por favor, a los sacerdotes, no se cansen de perdonar, sean perdonadores, no se cansen de perdonar como lo hacía Jesús. No se escondan en miedos o en rigideces. Así como esta monja y todas las que están en su mismo trabajo no se ponen furiosas cuando encuentran al enfermo sucio, mal, sino que lo sirven, lo limpian, lo cuidan. Así tú cuando te llega el penitente no te pongas mal, no te pongas neurótico, no lo eches del confesionario, no lo retes.
Jesús los abrazaba, Jesús los quería. Mañana festejamos San Mateo ¡Cómo robaba ese! y además ¡cómo traicionaba a su pueblo! y dice el Evangelio que a la noche Jesús fue a cenar con él y otros como él. San Ambrosio tiene una frase que a mí me conmueve mucho: “Donde hay misericordia, está el Espíritu de Jesús, donde hay rigidez están solamente sus ministros”.
Hermano sacerdote, hermano obispo, no le tengas miedo a la misericordia, deja que fluya por tus manos y por tu abrazo de perdón. Porque ese o esa que están ahí son el más pequeño y por lo tanto es Jesús. Esto es lo que se me ocurre decir después de haber escuchado a estos dos profetas.
Que el Señor nos conceda estas gracias que ellos dos han sembrado en nuestro corazón: Pobreza y Misericordia, porque ahí está Jesús.


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Francisco enCuba